Dear Reader, we use the permissions associated with cookies to keep our website running smoothly and to provide you with personalized content that better meets your needs and ensure the best reading experience. At any time, you can change your permissions for the cookie settings below.
If you would like to learn more about our Cookie, you can click on Privacy Policy.
Add Innovel to the desktop to enjoy best novels.
Dear Reader, we use the permissions associated with cookies to keep our website running smoothly and to provide you with personalized content that better meets your needs and ensure the best reading experience. At any time, you can change your permissions for the cookie settings below.
If you would like to learn more about our Cookie, you can click on Privacy Policy.
Your cookies settings
Strictly cookie settingsAlways Active
Elena lo amó durante tres años en silencio. Él era el mejor amigo de su hermano, el chico que le prometió que nunca la dejaría s
READING AGE 18+
Kaily Kaily
Romance
ABSTRACT
Elena lo amó durante tres años en silencio. Él era el mejor amigo de su hermano, el chico que le prometió que nunca la dejaría sola. Hasta que se fue sin despedirse. Ahora ha vuelto, más frío y distante, y dice no recordarla. Pero Elena sabe que miente.---No debería estar temblando.Es solo la puerta de mi salón. La misma de siempre, con la pintura descascarada y el cartel de "Bienvenidos a 3ro B" que pusimos hace dos meses.Pero mis manos tiemblan porque del otro lado escuché su voz.— ¿Es aquí el 3ro B? — preguntó alguien afuera.Y esa voz. Dios, esa voz la escuché todas las noches durante un año en audios viejos.El profesor abrió la puerta.— Ah, sí, pasa. Clase, él es Matías Rivera. Se acaba de transferir.El tiempo se detuvo.Matías. Mi Mati.Pero no era mi Mati. Este llevaba el cabello más corto, una chaqueta negra que no le conocía y una mirada que no me reconocía.Sus ojos recorrieron todo el salón. Pasaron por Sofía, por Javier, por mí...Y siguieron de largo.No me reconoció.— Puedes sentarte al lado de Elena — dijo el profe señalándome.Matías caminó hacia mí. Cada paso era un latido. Se sentó, dejó su mochila en el suelo y por fin me miró de reojo.— Hola — dijo, cortante.Hola. Después de dos años sin decir una palabra, después de irse a Quito sin despedirse, después de dejarme esperando en esa banca del parque donde me dijo "siempre voy a volver por ti", ¿solo un hola?— Hola — le respondí. Mi voz salió más dura de lo que quería.Él frunció el ceño, como si mi voz le sonara familiar, pero luego sacó su cuaderno y empezó a copiar como si yo no existiera.Durante toda la clase no pude respirar.Yo había ensayado este momento mil veces. Si volvía, yo iba a ser fría. Iba a ignorarlo. Iba a demostrarle que ya no me importaba.Pero la verdad es que durante esos dos años yo nunca lo superé. Mi hermano decía que me había olvidado, que ya tendría novia en Quito. Yo les decía a todos que ya no me importaba.Mentira. Cada chico que me gustaba lo comparaba con él.Cuando sonó el timbre del recreo, me paré tan rápido que tiré mi cartuchera.Matías también se paró.— Espera — le dije, agarrándolo del brazo antes de que se fuera. Mi mano en su chaqueta.Él se volteó, sorprendido por mi agarre.— ¿Nos conocemos? — me preguntó.Sentí como si me hubieran tirado agua helada.¿Nos conocemos? Me reí, pero casi lloro.— Qué buena broma, Matías. Soy Elena. Elena Torres. La hermana de Daniel. Tu vecina de toda la vida. ¿La niña a la que le enseñaste a andar en bici? ¿La que se quedaba dormida en tu sala viendo películas?Vi algo en sus ojos. Un flash. Un dolor rápido. Por un segundo pensé que iba a decir "Elenita".Pero lo apagó.— Lo siento — dijo, quitando mi mano de su brazo con suavidad, pero con firmeza —. No me acuerdo. Me fui hace mucho. Debes confundirme.Y se fue. Me dejó ahí, en medio del salón vacío, con la mano todavía estirada.No se había olvidado. Estaba segura. Nadie olvida así. Esa pausa, esa forma de quitar mi mano... no era indiferencia. Era miedo.Salí al patio buscando a mi hermano. Daniel estaba con sus amigos jugando fútbol. Cuando me vio, dejó el balón.— ¿Ya lo viste? — me preguntó, bajito.Asentí. No podía hablar.— E, me dijo que no quiere hablar del pasado. Su mamá me dijo que la pasó mal en Quito. No lo presiones.¿No presionarlo? Él me había destrozado dejándome con una promesa vacía.Lo vi a lo lejos. Matías estaba solo, recostado en la pared, con audífonos. Todos lo miraban porque es nuevo y es lindo, pero él no miraba a nadie.Entonces sacó su celular. Y lo vi. En la funda de su celular, gastada y vieja, había una foto. Doblada, casi borrosa.Era yo. Yo a los 14 años, con frenillos, en el parque. La foto que él me tomó el día antes de irse.Si no me recordaba, ¿por qué seguía cargando esa foto después de dos años?Me sequé las lágrimas con rabia. No iba a llorar por él.Si él quiere jugar a que no me conoce, vamos a jugar.Pero esta vez, el que se va a quedar sin poder olvidar voy a ser yo.